Archivo mensual: febrero 2010

>Carnaval, libertad.

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Aviso: post gaditano.

Los de más allá de Puerta Tierra seguro que han oído hablar de nuestro carnaval y su gran protagonista, el Concurso Oficial de Agrupaciones del Carnaval de Cádiz, o “eso de las chirigotas”, como dicen ustedes. Durante cuatro semanas, las decenas de agrupaciones que participan en el concurso cantan sus verdades encima de las tablas del Gran Teatro Falla, o el templo de los ladrillos coloraos, como decimos nosotros. Verdades que duelen, porque el carnaval es (o era) crítica y la crítica tiene que doler. Hasta hace unos díás y desde que esta fiesta es libre, la norma popular sagrada conocida como “esto es carnaval”, obligaba al criticado a tragar saliva y callar, pero como en estos tiempos lo popular importa un carajo, un grupo de policías locales han denunciado a una chirigota por “injurias y calumnias”, en una letra y por, esto lo añado yo, los cojones de su placa. El supuesto delincuente J.M.S, alías “el Taca”, vecino de Cádiz, Cádiz capital, cometió el delito cuando cantó un “fascista” muy cerca de un “polícia local” y al lado de un “mal educado”. Y entonces Antonio Martínez Ares, el comentarista de prensa aka comparsista, dijo con guasa en Onda Cádiz; “y ahora que le pongan una multa”. Tino Tovar se equicocaba. “Deja esa palco de prensa” …y ¡hazte vidente Antonio!.
Como la libertad de unos no puede ser entendida sin la libertad de otros, el mismo derecho que permite al Taca cantar verdades, permite al Sindicato de la Policía Local de Cádiz interrumpir la práctica habitual de rascarse el cayetano y presentar una denuncia para costearse la próxima cena de navidad. Un “ingreso extra”, en jerga policial. Ya le ha debido quedar claro al Aragón porque en Cádiz “la droga es tan barata“.

El cuerpo del delito:

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>La noche de nuestro cine

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Declaro mis intenciones pacíficas con el gremio a pesar de tener la mitad de la cartelera mal grabada en el ordenador, con el sarpullido que la “mula” le provoca a más de un artista. Ayer fue la fiesta del cine con ñ y como no me apunto a los linchamientos mediáticos, ni haría pagar nunca a mil justos por diez pecadores, me sumé a la celebración desde el sofá por una de las mejores cosechas cinematográficas, después de años tragando vino peleón.
Aunque algunos decían que era cosa de yankees y la tardanza empezaba a darles la razón, al final parece que aquí también había talento. Al descubrimiento ha contribuido la jubilación de algún ilustre cineasta abonado al aburrimiento dramático de posguerra, pero de pelo blanco, con la inmunidad que las canas tienen en el cine, y el trabajo renovador de Alex de la Iglesia. Ayer, el presidente de la Academia empezaba el discurso exigiendo humildad a un colectivo amante de “mirarse el ombligo”, transformando el tradicional mensaje autocomplaciente, tan del gusto de sus predecesores, en una arenga presidencial a propios y ajenos a la profesión, por un bien común, que debería ser el de nuestro cine.
Las buenas nuevas se extienden al maestro de ceremonias y es que Andreu Buenafuente consiguió despertarnos del aburrimiento general de estas cosas, con una gala sin la pomposidad de otros años, a base de comedia de cómico (muy en desuso) el estilo particular de El Terrat. Como dijo “la Sardá”, “la clave es aparecer poco”, y Buenafuente estuvo breve pero intenso, como casi todo lo bueno en la vida.
Y no me olvido por supuesto de los verdaderos protagonistas: los trabajadores del cine; desde el obrero hasta Penélope y Bardem, Mateo Gil, Amenábar, Lola Dueñas o Luis Tosar, personajes ayer convertidos en personas que nos han hecho comprender el amor imposible, sentir el aliento de “malamadre” en el cogote o pegar los abrazos rotos que Almodóvar y la Academia ya no tienen pendientes.
Un año de cine para el recuerdo que debería servir para acabar con los viejos fantasmas de una industria demasiado acostumbrada a buscar culpables ajenos a su propio fracaso, pero que ahora, con la cartera más llena que nunca, esperemos hayan comprendido que aquí la calidad también atrae espectadores. ¡Que viva el cine!.

Foto: ELPAÍS.com

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>Vendetta

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La madurez democrática de un país se demuestra en las actuaciones de los organismos que conforman la democracia. La intención de dar cobijo jurídico a la demanda presentada contra el juez Garzón por su atrevimiento con Franco, es una señal reveladora de una pubertad prolongada en la cuarentona España democrática, que puede ser difícil de entender en el presidente rotatorio de la Unión Europea. En los grandes países del continente, donde las dictaduras son estigmas del pasado ante los que sólo queda el rechazo, la decisión que previsiblemente sentará a Garzón en el banquillo de los acusados, puede, como ya advitiera su abogado, crear recelo entre los socios comunitarios que tienen mayor aprecio por la conocida polivalencia jurídica del magistrado. El despropósito, además, crea un peligroso precedente que aleja a futuros jueces de una causa de cuya buena resolución, algunos pensamos, depende la salud democrática del país. De nada sirve convocar elecciones cada cuatro años si aquellos que se erigen en salvaguardias del sistema utilizan el sistema para satisfacer los delirios totalitarios de los grandes enemigos de la democracia. Todo el clima que se ha generado en torno a la profesionalidad de Garzón es ya de por sí una victoria para el grupo de organizaciones ultraderechistas que impulsaron la denuncia por el atrevimiento de mentarles al papá y que además se han ganado unas cuantas portadas en un momento de crisis donde el discurso agresivo suena apatecible para una muchedumbre desesperada. Pero el verdadero triunfo es el de un sistema corrupto que se está cobrando su particular vendetta contra un hombre, que lejos de procesarle devoción, ha golpeado a partes iguales a las sanguijuelas del Estado, independientemente del color, ganándose con ello muchos y variopintos enemigos desde Génova hasta Euskal Herria que hoy brindan con champán.
Dentro de unas semanas, entre parado y parado, los informativos mostrarán al mundo la imagen de un juez de un país democrático siendo juzgado por investigar los crímenes de una dictadura y España estará ante su propio reflejo y ya sólo quedará arrepentirse.

Viñeta: Manuel Fontdevilla

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>La crisis, cuestión de eduación

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La crisis es culpa de los políticos y de los constructores y también de los banqueros, registradores de la propiedad, notarios y especuladores en general que vieron dentro del ladrillo dinero fácil hasta que la casa se les vino encima. Pero como los defectos siempre vienen de espalda, el populacho se cree con el derecho soberano de rajar de toda esa panda de cabrones a la que ellos, que le piden al pintor la cuenta sin factura, por supuesto no pertenecen.
Albert Einstein decía que la crisis es el momento para las oportunidades y como el boquete se ve profundo, gastar el tiempo en reflexionar lo propio resultaría más efectivo que malgastarlo en culpar lo ajeno. Somos un pueblo apático que se conforma en avanzar por inercia, siempre al rebufo de los demás y al que poco le importa quedar penúltimo porque siempre estará Portugal. El alumno de 50 años que se conforma con un cinco como si fuera un diez y que disfruta de su capacidad de gozar en la mediocridad como el cerdo más gordo del último lodazal. La crisis es económica porque el bolsillo nos duele más que el corazón, pero la verdadera crisis es la de una identidad personal carente de valores que se refleja inevitable en una forma de trabajar que nos relega a competir en desigualdad de condiciones. Los niveles de productividad de las empresas, es decir, la diferencia entre lo que ganan y lo que gastan, no es suficiente en un mercado donde las tres cuartas partes de la población mundial trabaja en condiciones de explotación, con el consiguiente ahorro en mano de obra, y la solución, lejos de EREs y prejubilaciones a los 40, pasa por una transformación en la mentalidad de trabajo que va desde el currito hasta el jefazo, a partes iguales. Una transformación que como cualquier otra tiene que nacer en las aulas, a través de la educación en la cultura del esfuerzo que permita superar las trabas que hoy nos impiden levantar cabeza.
España tiene uno de los peores regímenes laborales de la UE, con una jornada laboral superior a la media, la mitad de salario, de días festivos y también y sin embargo, de productividad, que países como Alemania, Francia o Reino Unido y aunque el cuadro es un reflejo del fracaso de las políticas neoliberales, algún gurú de esos que no vieron la crisis ni cuando la tuvieron delante, aconseja estos días trabajar más por menos. Los demás, claro.
Desde el plan A y hasta el Plan E, todos son analgésicos de efecto limitado para un enfermo crónico que necesita de hábitos de conducta saludable que impidan futuras recaídas, más allá del efecto temporal de los calmantes. Ahora que al menos en esta materia el clima política parece propicio, un pacto nacional para la educación se hace urgente en un país con una tasa de fracaso escolar superior al 30%, una de las más altas de la UE, reflejo de 12 leyes diferentes de eduación en apenas 30 años y una política raquítica en lo económico que pese a los esfuerzos de los últimos años, continúa siendo insfuciente para educar a los jóvenes de hoy que, sin variación en el rumbo, serán previsiblemente los parados del mañana.

Foto: Universidad Contemporánea

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>Obama con Zapatero

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