Archivo mensual: marzo 2011

París

Amanece en París y la torre Eiffel no se ve desde la ventana de mi habitación. A tan sólo 15 minutos del distrito financiero de una de las capitales más importantes de Europa, una alfombra de jeringuillas usadas advierten al intrépido visitante; a partir de aquí, territorio comanche.

La tricolor es oficial también es oficial en estas tierras pero sus habitantes nunca han vestido su cuerpo con ella.

Aquella puta no debía tener más de 18 años. Con los dientes roídos por el crack, me ofreció su boca por 10 euros, que pronto fueron 5 y unos instantes después 2. Estoy seguro que me hubiera chupado la polla por 10 céntimos. Su mente vive para la droga y el sexo es solo un mecanismo para conseguirla.

Desde las casuchas se puede ver mi hotel de 4 estrellas y el moderno aeropuerto Charles de Gaulle pero aquí parece que nunca llegó la revolución.

Las ratas han encontrado un lugar propicio para vivir, y los no pocos niños que arrastran su infancia, un objetivo de caza y diversión.

Llamémoslo X.

Latinoamericano de nacimiento, llegó a Europa siendo un niño, como tantos otros, de la mano de unas padres que escapaban de la miseria de tercer mundo y acabaron en la miseria del primero, donde no hay muchas diferencias. X es un tipo afable, cercano, incluso llega a caerme bien. Parece que el techo va a resquebrajarse en cualquier momento y sin embargo unos metros más abajo su culo reposa sobre un sofá de piel, recubierto por unos carísimos pantalones de Armani. La televisión es casi tan grande como su verborrea de capo de medio pelo. “¿Qué pasa bro?”, escupe.

A partir de aquí todo va a peor. El tipo afable y cercano se quita la careta para enseñarme su verdadero rostro. “¿Te invito?”, señala a una chica con el dedo. X me ofrece follarme a su mujer.

Llamémosla Y.

Es una chica joven. Seguro que antes de que la droga hiciera estragos en su rostro era una mujer muy guapa. Sus pómulos hundidos, y su mirada perdida todavía guardan algo de aquella belleza que un día perdió entre chute de caballo. Y es de una familia parisina bastante acomodada, tan acomodada que no podían soportar tener una hija yonki, así que un día la echaran de casa y ella siguiendo el rostro de la droga terminó en los brazos de X.

Es un hijo de la gran puta.

Coloca una pistola sobre la mesa. Debe tener la polla pequeña, pensé.

Y comenzó a hablar.

Durante 30 minutos de charla nunca intenta excusarse, más bien todo lo contrario. X Estaba orgulloso del liderazgo que mantenía a base de hostias sobre un grupo de chicas jóvenes y atemorizadas, que cada 30 minutos entraban al matadero para ensuciarse la entrepierna con las babas de un grupo de hombres que esconden sus vergüenzas tras un traje y corbata de ciudadano de primera clase.

X se despide con un “vuelve cuando quieras” mientras que los ojos de Y me gritan “llévame contigo”.

Salimos de aquel basurero y a pocos metros un enorme cartel en la carretera con la cara de Sarkozy reza: “una Francia mejor” y pienso que aquello debe ser la frontera.

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Buenas noches y buena suerte

Los indicios parecen indiciar que la era Zapatero está llegando a su fin y como todo período al borde del abismo, toca hacer balance.

Como el tiempo es injusto, para realizar un veredicto suele tenerse en cuenta solo los últimas días. La parte de un todo sin tener en cuenta el todo en si mismo.

¿Qué tendrá este país para que todos los presidentes del Gobierno terminen su mandato abucheados, casi apaleados? Quizás sea tan culpa nuestra como de ellos.

José Luis Rodríguez Zapatero llego al Palacio de la Moncloa en una España gris y carca. Habitantes de 1,60, de moralidad distraída que invadían países lejanos para salir en la foto con las grandes potencias mundiales. Una nacion en decadencia, enemistada con Europa y asfixiada por una ética derechista, rancia y católica, que nos había hecho retroceder 40 años en el tiempo.

Aznar ha sido el presidente mas dañino de la democracia y no me baso solo en la parte de la guerra de Irak sino en el todo de sus ocho años de presidente.

Algo hay que reconocerle a Zapatero. Le ha lavado la cara a este país. La abuela cascarrabias de moral inquebrantable se transformó en una jovenzuela moderna e independiente, que decidía por sí misma donde tenían que estar sus tropas y que cambió crispación por talante.

Las arrugas de la España en blanco y negro dejaron paso a una piel tersa que miraba a los homosexuales y transexuales de igual e igual, que equilibraba faldas y pantalones y que presumia ante la Europa modernista de un vanguardismo extremo que a muchos nos embotaba el orgullo.

A mis tiernos 18 años voté por primera vez. Y voté socialista porque veía en la figura de aquel hombre llegado de León el empuje que necesitaba un país metido en capilla. Celebré la victoria mientras todavía lloraba a los muertos de Madrid y aquella noche fui a la cama orgulloso por primera vez de ser español.

Pronto Zapatero se convirtió en el líder de los socialistas europeos. Con un movimiento ideológico asolado en el continente por la derecha neoliberal, todavía recuerdo a Ségolene Royal mirando con admiración a aquel hombre que suponía la mayor promesa del socialismo en 20 años.

Los años fueron pasando y los errores empezaron a manchar un currículo hasta ahora inmaculado. Zapatero comenzó a sufrir eso que llaman el síndrome de la Moncloa, la crisis internacional derribo sus planes de futuro y cometió uno de las mayores fracasos de su trayectoria.

Mirar al pasado nunca suele salir bien y recurrir a la vieja guardia socialista, apoltronada y felipista provocó que muchos ciudadanos vieran en aquel socialismo renovada una retrospectiva de eso otro que fracasó estrepitosamente tras emborracharse de votos.

Y volvió la crispación. Durante estos dos últimos años la política del partido socialista ha sido de todo menos planificada. Da la sensación que el Gobierno nunca ha tenido un plan eficaz para luchar contra la crisis, que han actuado a medida que se sucedían los acontecimientos, dando bandazos de timón que han llevado al barco a encallar en un terreno pantanoso del que parece muy difícil salir.

Zapatero abandonara la Moncloa abucheado y buena parte de los gritos llegaran de aquella oleada de jóvenes que un día le confiaron su futuro y que hoy se ven en la oficina del paro con dos carreras y tres idiomas que no sirven de nada. Y como antaño con el pasaporte en la mano pensando en un horizonte mejor.

Este país tiene por costumbre analizar el todo solo con la última parte, pero como todavía quedamos algunos que presumimos de mirada amplificada, antes de que la derecha vuelva a teñir de gris el ambiente yo le digo a usted, señor Presidente; Buenas noches y buena suerte.

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El amigo enemigo

Buenos tiempos. Tony Blair abrazaba a Gadafi, el amigo de occidente, declarado enemigo de Alquaeda y que se cría un alter ego de Ernesto Guevara.

Paseaba la jaima por medio mundo con sus vírgenes guardianes protegiendo su espalda y mamándole la polla. Un reloj de oro para este, un caballo árabe para el otro y petróleo para todos. El coronel contaba con el apoyo de los buenos y a los buenos el malo ya no les parecía tan malo.

Gadafi siempre ha sido un sátrapa, lo es ahora cuando aniquila a su población y lo era antes, cuando las buenas relaciones enterraban la sangre de las muertes.

El año pasado el Gobierno socialista le vendió una partida de armas por valor de 20 millones de euros, que ahora le están reventando el pecho a los opositores. El precio del crudo era razonable para los líderes del mundo libre pero hete tú aquí que los amos creen haber encontrado un perro más fiel.

Resulta que la CNN llega a Bengasi y esos árabes de barba pronunciado y burka de mujer les reciben como los franceses a los yankees en el París liberado de los nazis.

A Gadafi se le ha acabado el cuento. Sus amigos ya no creen que sea el mejor tapón para el terrorismo islamista y prefieren jugarse la mano con otro corcho.

Poco les importa el pueblo y mucho menos sus muertos, los cazas de la Alianza bombardean Libia con la esperanza de abrir un boquete del que mane petróleo más barato. Pero como tontos no son y bien escarmentados de Irak y Afganistán, prefieran inclinar un poco la torre para que sea el pueblo quien termine por derribarla.

Cohetes y fuegos ratifícales en Bengasi por una decisión tomada en la ONU. Quién te ha visto y quién te ve.

Hoy estamos en guerra porque creemos haber encontrado una puta mejor y más barata, pero en un futuro no muy lejano puede que se den cuenta que debajo de falda las piernas están bien cerradas. Y para entonces el coronel no vivirá para remediarlo.

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El niño de la bicicleta

Todos miraban raro a aquel niño montado en la bicicleta. Iba más lento que el resto y le señalaban con el dedo, con saña y regusto. Quizás fuera demasiado mayor para llevar las ruedas pequeñas, pero eso le hacía sentir más seguro. La velocidad nunca fue un problema porque él nunca quiso ganar la carrera. Prefería llegar el último pero entero y eso la mayoría nunca lo entendió.

El niño de la bicicleta miraba a su padre buscando la comprensión que otos le negaban, pero jamás encontró su mirada. El chico sabía que otros habían sangrado en el intento, las heridas se lo recordaban cada vez que algo dentro de sí le empujaba a buscar el destornillador, pero al final, quizás también empujado por la inseguridad que nunca quiso mostrar, la caja de herramientas volvía a su sitio, en lo más alto de la estantería.

Un día como cualquier otro, despistado como era tan común en él, encontró una carretera reluciente. Era perfecta, sin boquetes ni badenes, ni coches. Solitaria y placentera. Solo estaban él y ese asfalto, que le parecía el más bonito del mundo. Se pasó horas allí sentado, pensativo, reflexionando.

Casi todo dentro de sí le decía que ese era el momento, el día que tanto había estado esperando. Ya nadie le volvería a señalar con el dedo y al fin cruzaría la meta como cualquier otro. Pero había algo que le retenía. Al final, en el horizonte, una curva se perdía de vista.

Allí estará el obstáculo, seguro, ese coche negro que le tiraría al suelo recordándole sin piedad que al fin del camino siempre hay un final y que suele ser amargo.

Pero esta vez era diferente. La carretera le susurraba al oído. Por fin encontró aquella mirada perdida que tanto añoraba, así que decidido como jamás recordaba, bajó de la bici y arrancó con fuerza las pequeñas ruedas que le sujetaban a la tierra. Y todavía no sabe muy bien porque, golpeó fuertemente su cabeza contra el asfalto y entonces comprobó que aquello solo era sangre y que las cicatrices, aunque dolorosas, terminan por sanar.

El niño de la bicicleta empezó a pedalear y desde entonces no he vuelto a saber nada más de él.

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Justo después

-Hola
-¿Cómo ha sido?
-He muerto de pena
-¿Y eso?
-Las lágrimas no me dejaban respirar
-¿Qué vienes a buscar?
-A él
-¿Para qué?
-Quiero matarle
-No puedes hacer eso
-¿Por qué, él me ha matado a mí?
-No, has sido tú
-Le pedí aire y me lo negó
-No te lo merecías
-Da igual, quiero matarle
-No te dejaré hacerlo
-Pues también te mataré a ti
-Soy inmortal
-No te creo
-Arderás
-Entonces aprovecharé para quemarle
-Apagaré el fuego
-Que te jodan a ti y a él
-No te abriré las puertas
-Da igual, no quiero entrar
-Entonces, ¿qué haces aquí?
-Me voy
-¿Adónde?
-A casa
-No hay vuelta atrás
-No te creo
-¿Por qué?
-Porque estás sangrando

….. dijo envainando la espada.

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