Archivo mensual: abril 2011

Juventud sin cojones

Cojones u ovarios, eso es lo de menos. La testiculina casi nunca soluciona nada, pero la falta de ella fracasa en todo. Los más optimistas dijeron orgullosos en la prensa que 3.000 personas habían acudido a la manifestación de la plataforma Jóvenes sin Futuro.

“Un éxito”, dijo el portavoz.

Más de 30.000 personas acudieron a la manifestación que hace unos meses recorrió las calles de Sevilla para exigirle a Lopera que vendiera el Betis.

“Un éxito dijo”, el portavoz.

10.000 jóvenes se reunieron en Granada en el llamado macrobotellón de la primavera.

“Menuda chuza”, dijo un portavoz.

Este país merece hundirse en la mierda. La culpa es de políticos, pero a los políticos los elijo yo, e igual que Berlusconi es el reflejo de una sociedad decadente, Francisco Camps es el reflejo de una sociedad de nuevos ricos que se queja por los trajes gratis pero que compra la mitad de la casa en negro.

El futuro no depende de un trozo de tierra, así que muevan ustedes el culo, hagan las maletas y brinden con champán disfrutando de la decadencia de un país que se lo merece desde la distancia del emigrante.

O salgan a reventar las calles.

Cada sucursal bancaria, cada ayuntamiento, cada comisaría de policía, que arda, que arda y brindemos con gasolina viendo como el fuego consume un sistema que merece arder en el infierno. La pancarta en mano no sirve para nada.

Ya lo dijo Bakunin, “destruir para construir”, y bien sabe que para eso mejor el fuego que la pluma.

3000 jóvenes salen a la calle mientras 100.000 apuran el último cubata que le ha pagado su papá y encima un gafapasta con aires de político mediocre suelta ante las cámaras; “un éxito”.

Me miro al espejo y solo veo un rostro hastiado de tanto protestar.

Tenéis que levantar el país, dicen los más viejos. Yo no levanto nada que me ha hundido. El rencor es un vaso vacío que si lo llenas de odio es fácil de desaguar.

Y a mí es que en realidad me la suda. Me la suda el rey, me la suda la patria, el ejército y la constitución.

Ya estoy descorchando la botella de cava mientras observo el Apocalipsis.

Y levanto mi copa. Salud compañeros.

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Quiero ser como tú

Me gustaría ser esa persona que otros se empeñan en buscar en mi. Ser un ciudadano ejemplar de esos que recogen las cacas de su perro y derraman una lágrima con el dolor del amigo en pena.

No quiero estar peleado con el mundo y darme cuenta en la soledad de mis arrugas que el mundo es demasiado grande como para prestarme atención.

Tener una sola gota de agua para dos bocas y preferir morir de sed en el desierto a cambio de que la última imagen sea tu boca humedecida respirando la vida que se me escapa entre la arena. Prefería ver la caja desde dentro a llevarte flores al cementerio y darme cuenta en ese instante que los clavos de tu tumba ya te los había colocado yo.

Me gustaría ser como tú.

Como ese que está ahí detrás y que lee sin prejuicios, con la indiferencia bondadosa del que nunca mira por encima de su hombro y tener una palmada para tu espalda en lugar de este puñal que ya me abrasa las llagas.

No quiero ser condescendiente pero en cambio siempre quiero que lo sean conmigo, que me mientan al oído, con la armonía temerosa de ese que sabe que si no lo hace acabará herido por la serpiente que anida en mi garganta.

Quiero ser como tú, porque tú siempre tienes una caricia para mí aunque sepas que a cambio siempre vas a recibir una bofetada.

Estoy cansado de levantar la mano para protestar; de tener siempre la verborrea cargada contra aquellos que hace tiempo enfundaron la pistola, me perdonaron la vida y ahora solo quieren paz.

Quiero decirte que tienes razón y que yo casi nunca la tengo, que soy un penitente de capirote porque no me atrevo a dar la cara sabedor de que un día alguien me la partirá con la legitimidad de esos que solo dicen basta cuando basta bastar.

Abrirme las entrañas para saber si es cierto eso que algunos se empeñan en recordarme. Solo es carne y hueso, una carne blanda como la tuya pero un hueso tan duro de roer que todos los que alguna vez se han empeñado en morderlo han terminado con un diente roto. Quiero curarte la herida y partirme las costillas para que la próxima vez que lo intentes tu boca acabe frente a la mía sin sangre ni dolor.

Hoy quiero ser como tú, porque estoy cansado de ser como yo, porque hasta mi sombra se ha marchado por miedo de que algún día ya no sea capaz de reflejarla.

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