Archivo mensual: junio 2011

La hora de la reflexión

Parece que fue ayer. Parece que han pasado unas pocas horas, pero ya son más de dos semanas los días que el movimiento 15M desplegó sus lonas y sacos de dormir sobre decenas de ciudades por todo el país.

Aunque sin desearlo, las pasados elecciones municipales y autonómicas han marcado un antes y un después en el devenir del proceso. Ahora, pasada ya una primera etapa, los indignados afrontan un momento crucial en el que deben tomar una decisión no menos importante; evolucionar, con propuestas y decisiones concretas o permanecer inmóviles y esperar que las porras de los antidisturbios marquen a fuego su firma, y morir en el olvido de los tiempos, consumidos por un sistema político que en su escalafón más básico no tendrá que volver a examinarse hasta dentro de cuatro años.

Las acampadas son un símbolo que ha puesto cara al movimiento dentro del país y más allá de sus fronteras, propiciando un ejercicio colectivo de responsabilidad ciudadana que se ha traducido en una marea de indignados tomando las calles en media Europa.

Sin renunciar al proceso asambleario en las calles, un ejemplo de democracia participativa fascinante que nos ha encandilado a muchos, resulta urgente encontrar nuevos mecanismos que garanticen el buen devenir del movimiento, renunciando, aunque el lado más romántico se vea sacrificado, a las acampadas permanentes en las plazas de las ciudades.

El artículo 21 de la Constitución garantiza el derecho de manifestación pacífica de los ciudadanos, pero no hay que olvidar que los espacios públicos son de todos, de los indignados y también de los que no lo están, de ese pequeño grupo que se muestra cómplice con el sistema y de ese otro, mucho más numeroso, que aunque en parte favorable a las reivindicaciones no comulga con los mecanismos de lo que califican como una ocupación.

Comienza a ser urgente caminar hacia delante, y trasladar el movimiento a los barrios es la forma más inteligente de hacerlo. El 15-M ha pecado de importancia, de darse demasiada y se ha equivocado creyendo que la indignación general, que existe y es palpable, iba a conllevar necesariamente una acción de movilización masiva.

España es un país acomodado, al que después de casi medio siglo peleando por sobrevivir entre guerra y dictadura, la democracia le ha sabido demasiado bien, tanto como para dejarse llevar por la libertad del voto sin exigir nada más.

Son cinco los millones de parados, más de un millón los que no tienen ningún tipo de ingresos y sin embargo el país no arde en llamas. Creer que la mera permanencia en una plaza iba ser suficiente para cambiar la mentalidad de los que hace tiempo decidieron tirar la toalla, no ha sido más que una perdida de tiempo.

No habrá reacción sin una acción. Y las masas no vienen, a las masas hay que ir a buscarlas. Córdoba ha marcado el camino a seguir. El movimiento se ha descentralizado, levantado su sede central y cedido el protagonismo a las “afueras”, circunstancia que seguro revitalizará el movimiento. Madrid ya está en camino y si con el Sol empezó todo, no queda más que seguir la luz.

2 comentarios

Archivado bajo Social