Archivo mensual: agosto 2011

La chica de la luna

No he conocido en mi vida mayor dolor que la angustia de haberla perdido. Es incluso peor al recordar que buena parte del tiempo que estuvo a mi lado no supe valorar lo que ahora se me escapa entre los dedos, con lágrimas en los ojos.

Ahora que casi no puedo respirar me he dado cuenta que jamás te había dedicado dos frases, a ti, la que ha sido durante tantos años la inspiración que me hacía juntar letras.

Y ahora que ya no puedo volver atrás solo me queda soñarte y esperar que algún día tu infinita melena negra vuelva a cruzar la puerta por la que un día se marchó.

Me he quedado cojo. La pierna que me mantenía en pie ha sido amputada sin anestesia y sin embargo el dolor de la herida no es nada comparado con el pesar de que a mi lado tu mano ya no vuelva a entrelazarse con la mía.

Ha sido tanto tiempo y a la vez tan poco, y es que todavía recuerdo el sabor de tus labios aquella primera vez que nuestras bocas se encontraron entre luces de neón en una calurosa noche de Madrid.

No conozco otra forma que la tinta de la pluma para confesarte a letra viva y lágrima caliente que jamás he conocido tanta felicidad como la que he vivido contigo. Que no cambiaría por nada de este mundo ni del otro ni uno solo de los segundos que he pasado junto a ti, que los días de sombras más oscuros amanecían con luz brillante cuando tus palabras de consuelo enterraban en lo más profundo de los infiernos a esos fantasmas que como ya sabes me atormentan desde hace años.

Esta noche aquella farsante que un día te copió la luz está menguante, porque la otra mitad se ha escapado para mirarte.

Y es que ya sabes que la luna nunca vio un ombligo tan bonito.

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