Archivo mensual: noviembre 2011

Epitafio

Un beso, deseo inacabado de un cuento sin final feliz. La sonrisa, un cuadro de Pollock colgado en la habitación más oscura de un museo en ruinas. Ya no consigo pensarte sin interferencias en la mente. Cierro los ojos y no consigo como antes recordar hasta el último centímetro de tu piel. Lo intento, me esfuerzo, pero son ya demasiadas lunas y la farsante más hermosa del mundo no perdona la tibieza de los que un día decidieron dejar de caminar juntos. A base de recuerdos intento olvidar las pisadas que un día dejamos en aquella playa perdida, donde el viento y la sal se enredaban en tu infinita melena negra, como si la bravura del levante quisiera robarme parte de la fortuna de grabar junto a ti los dedos en la arena. Sé, aunque no quiera saberlo, que nunca más será tu espalda el reflejo que me deslumbre cada mañana. Y te espero, al otro de la cama, cuando la noche comienza a despedirse. Te espero a 1000 kilómetros de mi y sin embargo a una sola almohada de distancia. Te espero con la paciencia del tullido que ha perdido su bastón, sabedor que el vértigo de levantarse manará más sangre que el dolor de la caída. El visado caduco de las fronteras que un día prometimos cruzar juntos, aguarda paciente en un lecho de polvo el regreso de aquel viaje donde perdimos el amor que nunca quise abandonar. Como Sabina, estos son los últimos besos que te escribo. La canción desesperada de Neruda, el aliento final dedicado con firma de lágrima, la misma gota de agua que congela para siempre la brasa inmortal que resultó no ser eterna.

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Vendetta

El Partido Socialista ha perdido las elecciones. Acostumbrado a tropezar con la misma piedra esta ocasión no iba a ser diferente. Aquél socialismo decrépito de Felipe González, corroído por la corrupción y el terrorismo de estado, supuso la primera traición a un electorado ansioso por completar la transición con el ascenso a la Moncloa de los derrotados en la guerra, pero que vieron truncados sus espectativas de un sistema de poder alternativo que no resultó muy diferente de lo que ya estaban acostumbrados.

Dieciséis años después y ahora de la mano de Zapatero, los socialistas repiten estrategia con idéntico desenlace. La debacle electoral es consecuencia de una puñalada a los ideales fundacionales de un partido que ha traspasado todos los límites del socialismo obrero para dejarse seducir por los acordes del neoliberalismo más salvaje. Las políticas anticrisis puestas en marcha por el ahora Gobierno en funciones han sido idénticas a la apuesta democristiana de Ángela Merkel, siguiendo los dictámenes de un capitalismo asilvestrado que encontró en el socialismo europeo un aliado inesperado.

El electorado de izquierda es tradicionalmente más exigente que el de derechas. Mientras que al Partido Popular y Corvengència i Unió no se han visto afectados por la corrupción y los recortes, la progresía de este país se ha cobrado la traición con un sonado divorcio electoral.

El Partido Socialista está de nuevo en la encrucijada y aunque habituados a tirar de viejas glorias ha llegado el momento de dar carpetazo a un pasado que se ha demostrado ineficaz para afrontar los retos del presente. Basta ya de Felipe González, basta ya de Alfonso Guerra y basta ya de Rubalcaba y Manolo Chaves. Los cuatro son responsables de haber denostado hasta la inmundicia más profunda del vertedero político el buen nombre de un partido irreconocible ante el espejo. La chaqueta de pana apesta a alconfor, la vieja guardia está ya decrépita y el lastre de los años imposibilita la huida hacia adelante de un partido sumido en un proceso involutivo. Y que se vayan con ellos las niñas de Zapatero, ineptas sin oficio ni beneficio, engendros del enchufismo político que sin padrino corleonado no hubieran pasado de cajeras de banco.

El próximo mes de febrero tendrá lugar el congreso nacional del partido, un evento que se antoja crucial para una organización que vive su particular otoño. El árbol socialista se marchita y solo con sangre nueva volverá a florecer. De los Eduardo Madina dependerá que dentro de cuatro años la mayoría progresista de este país sea capaz de perdonar la enésima traición de este socialismo mentiroso, funámbulo en la cuerda floja.

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