Archivo mensual: enero 2012

Vivo en un país

Vivo en un país sin corazón donde sus habitantes se divierten matando a un toro a lanzadas, arrancando el pescuezo a un ganso o apaleando a una rata encerrada en una vasija. Un país donde los animales caminan erguidos, pandilla de salvajes que necesitan del sufrimiento de un ser indefenso para enfriar mejor la cerveza.

Vivo en un país donde centenares de personas se agolpan a las puertas de un juzgado para vomitarle la mala baba a los acusados, la misma banda de analfabetos que después votan y jalean a los chorizos de traje que ni siquiera se pagan la corbata.

Vivo en un país que cada domingo se pone la mantilla y el lunes es peor que Satanás. Un país convertido en el patio de recreo de una iglesia que con una mano predica el perdón y la bondad y con la otra condena a los homosexuales al fuego eterno más ardiente.

Vivo en un país donde los fascistas se mueren plácidamente en la cama mientras sus víctimas se pudren olvidados en una fosa común. Un país que llora en el entierro de los esbirros del franquismo pero que le niega a los hijos de sus víctimas un lugar donde echar la lágrima.

Vivo en un país donde quién se atreve a investigar los crímenes de la dictadura acaba sentado en el banquillo de los acusados, un país donde las víctimas de su pasado son tachadas de revanchistas y los verdugos homenajeados con placas en las calles.

Vivo en un país de patriotas de hojalata, que se da golpes de pecho cuando Iniesta marca un gol pero que le chupa la sangre al Estado cuando el Estado les tiende la mano.

Vivo en un país que se queja de los políticos cuando los políticos no son más que un reflejo del que se queja. Un país de políticos ladrones porque el gen de la mano larga, como el toro y el jamón, vienen con la bandera.

Vivo en un país que se escandaliza con el guiri alcoholizado y de chanclas con calcetín, pero que cuando viaja se lleva del hotel las toallas, el jabón y hasta la bombilla de la lámpara. Un país que se sonroja por el incivismo del que viene pero que pone a sus hijos a mear en la acera.

Vivo en un país racista que se pone la careta de tolerante cuando se puede permitir explotar a un sudaca y que ahora sin dinero quiere tirar al mar a los que le limpiaban la mierda por cuatro duros. Un país que cuando el viento tira de levante señala con el dedo acusador al que tiene la cuna más allá de la frontera.

Vivo en el país de Cervantes, de Picasso y de Lorca, el país del Siglo del Oro, del Madrid de los Austrias y la Barcelona de Gaudí, vivo en un país llamado España,

, vivo en un país que me avergüenza.

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Jorge y Magdalena

Sentado en un sillón, Jorge insiste en ponerse en pie para recibirme, a pesar de que los años hacen de la tarea una misión de esfuerzo. De sonrisa permanente en un rostro marchitado por la vida, Jorge parece ajeno al olor a muerte que se respira en la habitación. Bastan unas cuantas palabras para descubrir que su felicidad es solo un artificio, un mecanismo automático, un plástico que envuelve a un hombre de mirada perdida que falleció hace dos años. “¿Empezamos?”. Asiente, pero tengo la sensación de que no sabe muy bien para qué he venido. Intento varias veces centrar la conversación en el tema que me ha traído hasta aquí. Jorge es uno de los 55 inquilinos que ve pasar los días en una residencia de ancianos investigada por presuntas irregularidades. Aunque las acusaciones son graves, a Jorge no parece importarle demasiado el trato que recibe, supongo que a los muertos no les disgusta el funeral. “¿Cómo está la comida?, ¿os tratan bien las enfermeras?, ¿con qué frecuencia os dan una ducha?…¿quién es Magdalena? … y la mirada de aquél viejo rejuvenece 50 años.

“El 4 de abril de 1962”, recuerda con memoria portentosa, dos jóvenes enamorados contraen matrimonio en Infiesto, una pequeña localidad asturiana a orillas del río Sella. “En la noche de bodas estábamos muy nerviosos. Para los dos era nuestra primera vez”. Aquella fue la primera de muchas noches que Jorge y Magdalena pasaron juntos, 47 años de matrimonio que terminaron otra noche que parecía una cualquiera, cuando Magdalena nunca más se despertó. La muerte para ellos no fue el final porque con el cuerpo de ella también se marchó el alma de él. Han pasado dos años y desde entonces Jorge espera plácidamente la visita de la dama oscura, con los brazos abiertos, “porque cuando ya nunca más despierte, amaneceré junto a ella”.
Antes de marcharme estrecho la mano del director del centro. El olor a orín de pañal mojado, el pelo sucio de los ancianos, el ambiente denso que se respira en ese matadero de octogenarios…le deseo una maldición gitana de la soledad más dolorosa.

De vuelta a casa pienso en la historia de Jorge y Magdalena, una película de amor de los años 40 que sobrevive más allá de la muerte. Él no es Humphrey Bogart ni ella Ingrid Bergman pero en el París que siempre les quedará, la luz también es eterna. No logro entender cómo si ellos son capaces de besarse incluso cuando sus labios ya no están juntos, el mismo amor que en su diá se juraron miles de parejas es hoy un mal recuerdo del pasado. Lo intento, pero no logro comprender por qué dos personas que un día compartieron sonrisas, miedos y esperanzas, hoy son capaces de caminar por separado sin importarles cuál será el destino del otro. Si una vez sangraste porque el dolor le hacía llorar, si una vez pasaste la nohe despierto para no perderla ni un segundo de vista, si una vez descubriste en su pelo el perfume más hermoso del mundo, si una vez soñaste con su mano envejecida entrelazada con la tuya, si una vez le hiciste el amor con un te quiero, ¿cuándo la mayor de las indiferencias te arrebató todo aquello?. Si el tiempo lo cura todo, maldito sea el reloj que borra para siempre las cicatrices que no merecen el olvido. Si como dicen, un paso es la distancia que separa el amor del odio, “María sigue aquí, justo a mi lado”.

Si alguna vez has llorado, saborea las lágrimas,
Si alguna vez has querido, sonríe,
A veces escribir, duele.

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Fraga, el mismo hombre

Fraga ha muerto. Suena a frase hecha de Arias Navarro y es que el antiguo presidente del Gobierno franquista se ha convertido en la voz de ultratumba de un régimen que hoy ha enterrado a su último gran representante. La mayoría de la macromedia informativa ha sido laxa con la memoria de Fraga, quizás porque ahora con 89 años tan solo era un pobre viejo sin más inquietudes que escupir verborrea a un micrófono de tanto en cuanto. Don Manuel Fraga Iribarne pasó parte de su vida política en democracia, la misma democracia desmemoriada que le ha permitido morir en paz y que ha propiciado que hoy las generaciones más jóvenes y alguna que otra con demencia senil seletiva, vean en su figura el gran libertario de la dictadura fascista que nunca fue.

El mismo hombre que junto con José Solís Ruíz y otros miembros del llamado sector “reformista” planearon desde dentro la apertura del régimen, ocupó una silla en un Consejo de Ministros que firmaba sentencias de muerte a disidentes políticos y librepensadores. El mismo hombre que desactivó a los franquistas más reacios a dejar el poder, fue durante 30 años el azote de comunistas, anarquistas, obreros, sindicalistas, estudiantes e intelectuales. El mismo hombre que ahora recibe sepultura amortajado de demócrata, fue durante toda su vida un aférrimo defensor del golpe de estado de 1936, circunstancia que en cualquier otro país europeo le hubiera impedido formar parte de la vida política en democracia.

Ahora que Fraga se marcha en loor de multitudes, con lágrima compartida entre la izquierda socialista y la derecha popular, es de justicia recordar a todos aquellos que se marcharon por la fuerza, en el silencio impuesto por un político progagandista.

El 10 de julio de 1962, Fraga Iribarne fue nombrado Ministro de Información y Turismo, cargo que ejerció hasta 1969. El “propagandista del régimen” como fue rebautizado por Dionisio Ridruejo. Ese mismo año, el joven comunista Julián Grimau, es detenido y torturado en dependencias policiales. Fraga inicia entonces una intensa labor de propaganda que incluye la publicación y distribución de panfletos -Julián Grimau o el arte de fabricar víctimas o Julián Grimau especialista en checas- que presentan al joven como un lacayo al servicio de las hordas de Moscú y un peligro para la vida pública. Finalmente, en 1963, Grimau es fusilado. Fraga justifica su asesinato en una rueda de prensa donde se refiere a él como “ese caballerete”. En sus memorias pasa de soslayo por este asunto, limitándose a decir que “estaba acusado de cosas muy serias”.

A Grimau le siguieron otros muchos asesinados por el régimen y posteriormente vilipendiados por Fraga, como el estudiante Enrique Ruano o los cinco obreros de Vitoria. Estos últimos encontraron la muerte a manos de la policía el 3 de marzo de 1976, en una actuación planificada y ordenada por Fraga, que por entonces ya ejercía como Vicepresidente de la Gobernación. ” A palo limpio”, exclamó. Las represiones que sufrieron los mineros asturianos también fueron silenciadas por la propaganda oficialista de Fraga. En 1963 centenares de ellos fueron apresados, torturados y sometidos a vejaciones. Como respuesta, un importante número de intelectuales, entre ellos Antonio Buero Vallejo, Goytisolo o Fernando Fernán Gómez, enviaron una carta a Manuel Fraga donde solicitaban el fin de la represión, relatando además algunas de las prácticas policiales, consistentes por ejemplo en cortar el pelo a las esposas de los mineros. La respuesta de Fraga fue; “de ser cierto, las sistemáticas provocaciones de estas damas a la fuerza pública lo harían más que explicable”.

Fraga fue en definitiva un hombre de claros oscuros, el mismo que dictó la Ley de “libertad” de Prensa en 1966 y que posteriormente ordenó el secuestro del periódico ABC y el cierre del diario Madrid. Aunque ahora con su muerte, el consenso general se empeña en presentarle como uno de los grandes valedores de la libertad, Fraga fue hasta su último aliento un franquista reconocido y orgulloso, que supo camuflarse o quizás reciclarse con las pinturas de la democracia.

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Guantánamo, 10 años de vergüenza

171 presos permanecen secuestrados en la Base Naval de Guantánamo, en Cuba

Sin una acusación firme, ni un proceso judicial, no tienen derecho a la asistencia de un abogado.
Durante estos diez años se han practicado torturas que fueron legalizadas por la administración Bush en lo que llamó “tácticas especializadas de interrogatorio”.
El 17 de noviembre de 2008 el presidente Obama prometió cerrar la cárcel de Guantánamo, más de tres años después…

171 presos permanecen secuestrados en la Base Naval de Guantánamo, en Cuba

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Asturias derrama cultura

Cuando Álvarez Cascos fue elegido presidente del Principado de Asturias por poca sabiduría popular, muchos entonces ya advertían que su investidura suponía un retroceso a los tiempos más casposos del aznarismo. Ha tardado poco en demostrarlo.

El primero en caer fue el Centro Niemeyer de Avilés, un gigantesco espacio cultural que albergaría algunas de las propuestas más arriesgadas e innovadoras de diferentes facetas artísticas y que además, serviría para lavarle la cara a una ciudad envejecida por un tejido industrial en desuso. Obra del brasileño Oscar Niemeyer, uno de los arquitectos contemporáneos más reputados, sus responsables vieron muy pronto truncados los planes de acercar a los asturianos esa otra cultura, casi clandestina, pero igualmente merecedora de atención. La pianista canadiense Lucille Chung , el escultor Cristobal Gabarrón o las pinturas del también director de cine norteamericano Julian Schnabel, fueron sustituidas por Arturo Fernández, las matrimoniadas de José Luis Moreno y toda esa pseudo cultura de pensamiento único, de España profunda en blanco y negro, de chatina de 20 años con falda corta y escote bajo. El Concejal de Cultura y Deporte del Principado, Emilio Marcos Vallaure, insinuó los nuevos planes del Gobierno regional para el Centro Niemeyer, en una surrealista comparecencia que bien merece un vistazo.

Ahora, en su afán cuasi nacional socialista de quema de libros, el partido de Álvarez Cascos ha dejado sin aliento al otro gran pulmón cultural de la región, el Festival Internacional de Cine de Gijón, que en sus 49 ediciones ha logrado consolidarse como un referente internacional dentro de los círculos del cine independiente. Esta privilegiada situación cambiará radicalmente porque, el que han calificado como cine de baja taquilla, no es del agrado de los nuevos servidores públicos. En épocas de estrecheces económicas, los políticos parecen estar dispuestos a prescindir de la cultura, a fin de cuentas, la masa aborregada pregunta poco y es fácil de manejar. La nueva estrategia se ha hecho carne con el despido de José Luis Cienfuegos, el que ha sido director del Festival los últimos 16 años y principal responsable de su progresión. Durante su mandato, Gijón ha sido la ciudad escogida para el estreno en España de películas tan relevantes como las oscarizadas Juno o Pequeña Miss Sunshine y además, el Festival, se ha convertido en un refugio del séptimo arte, donde realizadores de países poco acostumbrados a la gran pantalla han logrado exhibir sus propuestas más allá de sus fronteras. El festival gijonés se transformó en un nexo de unión entre culturas poco acostumbradas al entendimiento y es que en Gijón, la pasión por el cine no entiende de etnias ni pasaportes.

Con la esperanza de frenar el expolio intelectual que este Gobierno conservador, mediocre y pusilánime pretende llevar a cabo, son ya varias las iniciativas que recorren los mentideros de internet.

Pelayo ha vuelto a desenvainar la espada, dispuesto a cortar cabezas pensantes.

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