Archivo mensual: octubre 2012

La plaza de mi libertad

Recuerdo la última vez que soñamos juntos con cambiar el mundo. El ruido ensordecedor de unos cuantos polis blandiendo la porra del odio y el silencio nos regaló la noche entre tu boca y la mía. Y nos daba igual que el Gobierno de las mentiras cayera, o que los banqueros murieran ahogados en el veneno de su propia codicia, o que hasta la última cabeza de la estirpe de los Borbón fuera clavada en una pica de la plaza libertad, porque en aquél preciso momento no había revolución más importante que la batalla de tu lengua. Allí, sentados en el suelo, con la ciudad ardiendo por las llamas de los indignados que se cansaron de poner la otra mejilla, tus ojos me juraron la esclavitud de las entrañas sin más libertad posible que la voluntad de mi deseo.
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