Archivo mensual: julio 2013

Democracia de mal asiento

Rajoy es un hombre convertido en avestruz que espera, con la cabeza metida en la tierra, que amaine el temporal. El vendaval amenaza con arrasar también el subsuelo si el Presidente no abandona la estrategia del escondite y ataja de forma decidida una crisis que amenaza con quebrar los cimientos de su partido. Debe hacerlo en el Parlamento, afrontando las consecuencias de un comportamiento cuanto menos inapropiado que toleró con la excusa del jefe que se adapta a una rutina preestablecida.

Luis Bárcenas, el hasta hace unos meses “honrado” tesorero del que “nadie podrá probar que no es inocente”, está decidido a cantar, y el concierto, lejos de ser un par de canciones desentonadas, parece más bien de festival de verano con un superhit diario. Cada día que pasa, Bárcenas afina más la garganta y los ciudadanos afilan más los dientes, y entre la garganta de uno y la mandíbula mordiente de los otros, Rajoy se aferra a la legitimidad de su mandato como si el voto fuera un cheque en blanco para hacer y deshacer a su antojo.

Al otro lado del circo, en la carpa de los suplentes, los payasos sustitutos no se ponen de acuerdo para asaltar la pista. La oposición al completo critica al Gobierno pero lo hace sin orden ni jerarquía. Mientras Izquierda Unida y UPyD, los grandes vencedores en los sondeos, se tiran directos a la yugular, el PSOE se limita a arañar la superficie, sabedores que unas elecciones anticipadas supondrían el segundo batacazo electoral en apenas dos años. Perder la batalla contra un oponente herido por la corrupción dejaría a los de Ferraz al borde del abismo. La travesía por el desierto que atraviesan en el PSOE es la mejor baza para los genoveses, que además han encontrado en el escándalo de los EREs de Andalucía el pretexto necesario para poner en práctica la política efectista del y tú más.

El tercer protagonista en discordia es el ciudadano. Ese concepto abstracto que no se cree responsable de nada, pero que con la soberana estupidez de quién no parece conocer la importancia de un voto, reelige una y otra vez a los mismos políticos que ante tanta indulgencia se han organizado en una casta selecta y privilegiada. Los españoles asumen la corrupción como el enfermo que se resigna ante la metástasis.
Con esta silla de tres patas mal asiento tiene para reposar el estado de derecho.

Mientras Pedro J redacta la penúltima confesión de Luis Bárcenas, Rajoy cava más profundo el agujero de su silencio. La avestruz espera encontrar bajo tierra un refugio seguro en el que esperar paciente a que amaine el temporal. A fin de cuentas, “la vida es resistir”.

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Miguel Ángel Blanco, te seguimos esperando

Solo era un niño pero lo recuerdo como si peinara canas. Han pasado 16 años y aún se me encoge el alma como si apenas hubieran transcurrido 16 segundos. El 13 de julio de 1997, ETA asesinaba a Miguel Ángel Blanco, un don nadie o un don algo, como cualquier otro chico de 29 años, pero que había cometido el atrevimiento de defender las ideas de los vaqueros en el epicentro del territorio comanche. El Gobierno no sucumbió a los delirios de una banda de asesinos que 48 horas después del secuestro cumplieron con su amenaza. Miguel Ángel fue asesinado con dos tiros en la nuca. De rodillas, sus verdugos, escondidos en su propia desvergüenza, agazapados tras la sombra de un hombre inocente, le dieron la muerte cobarde por la espalda.

Solo era un niño, pero recuerdo aquella puñalada como si el chuchillo aún me estuviera desgarrando el alma. ETA se había atrevido. ETA había asesinado a Miguel Ángel. Y la esperanza, y los ruegos desesperados pidiendo a gritos clemencia, y los lamentos y las lágrimas, dieron paso a algo tan intrínsecamente humano como el dolor. Aún con los ojos vidriosos, la rabia se apoderó de las calles. La venganza es la forma más imperfecta de la justicia, pero seres imperfectos fuimos y por primera vez los que matan se murieron de miedo. Los simpatizantes de ETA, los chivatos que colocaban la diana para que los pistoleros apuntaran entre ceja y ceja, habituados a ser los perseguidores, huían despavoridos de una muchedumbre con el puño caliente y la sangre de Miguel Ángel enrojeciendo sus conciencias. Los roles habían cambiado, el peón, habitualmente indefenso, se había merendado a la reina y el monarca absolutista, acorralado en un esquina del tablero, suplicaba por un enroque que le salvara del jaque mate.

Solo era un niño pero aún puedo saborear el regusto indeseable de la ira.

Paradójicamente, la muerte de Miguel Ángel fue el embrión del “Espíritu de Ermua”, un movimiento esperanzador por la paz que, aunque con el paso de los años se ha diluido como un azucarillo, supuso un punto de inflexión en la batalla social contra ETA.
Han pasado 16 años y solo comparto 2 cosas con Mari Mar Blanco: su dolor y su empeño en contra de la desmemoria de su hermano. Porque, 16 años después, Miguel Ángel, aún te seguimos esperando.

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