Archivo mensual: junio 2014

Merchera

Y resulta que el amor es una gitana de ojos verdes susurrándome al oído las verdades de sus miedos. Y a pesar de que arrecia temporal, de que las noches son oscuras de hollín y de cenizas, a pesar de que seremos huérfanos de lagrimas y de que el miedo aprieta fuerte la garganta, hicimos trinchera inexpugnable de aquél rincón que conquistamos una noche de primavera.

A resguardo de los fantasmas que rastrean nuestras pisadas, los días pasan y a veces duelen, y a veces muerden pero no sangran. Porque en el hueco de su cintura las vidas perras se hacen reposo al andar. Y aunque el tejado de esta casucha parece frágil a un quejido, su espalda que es ancha del peso de muertos y de asesinos, soporta guerrera y escudo en lanza los avisos de derribo. A pesar de las 1.000 batallas libradas con su sangre derramada, su mano es siempre mano tendida que espanta mi desazón. Y eso que el rencor galopa con derecho de pernada dispuesto a vomitar de mala saña las astillas de un corazón resabiado de latir. Pero blanco de pureza se reviste el verbo que es más que palabra sobre palabra, y es que el verso de su garganta es soneto canallesco de hembra con falda corta y sábanas desechas.

Fuerte, como el acero que recubre sus costillas a salvo de poetas de media tinta y dulce, como el rocío del alba que a su lado brilla más radiante. Amante, como la lluvia de una tormenta furibunda que se encama a bandazos con la tierra húmeda de sed. Y amada, de orillas deshabitadas y aguas profundas y vegetación frondosa como el azabache de su melena y caminos libres, dispuestos para el intrépido aventurero que se atreva a conquistar su espíritu indomable.

La chica que soñaba con alguien que le guardara las espaldas, esconde en una caja de madera y tres cerrojos todas las sonrisas que están por ser reídas, y uno, que sigue incansable las pisadas que su cintura quema sobre la arena, doblando luna tras las luna las curvas de su espalda, no imagina mejor destino que las risas de su cama.

Aunque sé que no todos los días serán de champán y fresas, que me corten la caballera si por un solo minuto dejo de quererte, “porque de nadie seré, solo de ti, hasta que mis huesos se vuelvan cenizas y mi corazón deje de latir”.

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