Archivo mensual: octubre 2014

Gracias

Se cumplen algo más de dos meses del fallecimiento de mi padre. Ahora que ha pasado un tiempo, y aunque la ausencia continúa siendo profunda y dolorosa, puedo escribir de forma más serena unas palabras que tenía pendiente.

Gracias a las doctoras Inmaculada y Virginia por luchar durante 6 meses junto a mi padre contra la leucemia. Gracias por su trabajo, por su comprensión, por su cariño y por su esfuerzo.

Gracias a todo el equipo sanitario; médicos, enfermeros, auxiliares y celadores de la planta de hematología del Hospital Puerta del Mar de Cádiz y gracias a Encarna, la compañera de habitación de mi padre, por su inmenso cariño y generosidad y por sus pasteles, que nos endulzaron todos los días y todas las noches que pasamos pegados a una cama. Gracias a Manolo, su marido, al que la leucemia se lo llevó un mes antes que a mi padre. Su fortaleza y su buen ánimo fueron un ejemplo para nosotros. Por cierto, Manolo, tu Madrid se llevó la décima.

Gracias a los enfermeros de la sala de transfusiones de oncología y hematología. Pasábamos allí 15 horas a la semana mientras que a mi padre le transfundían las bolsas de sangre y plaquetas, o como él las llamaba, “el vino tinto y el caldo de puchero”.

Gracias a las voluntarias de la Asociación Española contra el Cáncer, que hacen compañía durante unas horas a enfermos y familiares, sacándoles una sonrisa a los que están hartos de llorar. Gracias por sus caramelos y por sus manos tendidas.

Gracias a la fundación Josep Carreras contra la Leucemia y muy especialmente a los dos voluntarios que de forma altruista iban a hacer una donación de médula para salvarle la vida a mi padre.

Gracias a mi hermana, por haber estado a mi lado. Porque ha sido mis hombros y mi espalda. Por haberme sujetado cuando estaba a punto de caer y por levantarme cuando caí.

Gracias a mi madre. Sin ella no hubiera podido afrontar todo esto. Su cobijo sigue siendo el mejor sitio en el que encontrar refugio cuando fuera arrecia el temporal.

Gracias a Melania, mi bastón y mi luz al final del túnel. Gracias por sus palabras que me susurraban esperanza al oído. Gracias por sus “te quiero” y sus “todo irá bien”. Gracias por ser mi amanecer en las noches más oscuras.

Gracias a los amigos, por sus ánimos y por hacerme pensar en otras cosas, al menos durante unas horas. Gracias por sacarme siempre una sonrisa.

Gracias a la sanidad pública por existir, a pesar de todo. A pesar de un gobierno de parásitos y psicópatas que están desmantelando la sanidad de todos para llenar los bolsillos de unos pocos. Ojalá se pudran en el infierno, con sus tarjetas negras y sus conciencias huecas.

Y sobre todo, gracias a ti, papá. Por no quejarte ni una sola vez, por no soltar ni una sola lágrima para no asustarnos, por hablarnos siempre de futuro, “cuando todo esto acabe”, incluso cuando ya sabías que todo esto no iba a terminar bien. Tu ejemplo, tu fortaleza y tu cariño ayudan a llenar el inmenso vacío que nos has dejado.

Te quiero, viejo.

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