Tránsito

Me gustaría decirle a ese niño que vive bajo las faldas de su madre que las rodillas están para saltar pero también para caerse, que las heridas se hacen postillas y las postillas cicatrices y las cicatrices recuerdos de un balón mal parado. Que el miedo no te amilane las piernas, que los grandes son cobardes y siempre hay calle para correr. Que disfrutes de tu infancia, de la arena de la playa, de las sábanas recién planchadas y hasta del miedo a la oscuridad, porque la sombra de tu padre te espantará cualquier fantasma. Que sigas creyendo que los goles en el patio del colegio valen una copa del mundo, que los camellos se beben el agua, que puedes tapar el sol con un dedo y que tus dientes son el tesoro de un ratón.

Me gustaría decirle a ese chaval que no encontrará nunca mejor consuelo que los brazos de su padre, que parecen gélidos y se abren poco pero que en su refugio el más recio temporal se hace llovizna de verano. Que a veces es mejor remontar la corriente y no dejarse llevar, que las aguas mansas son caldo de tiburones y las bravas se quiebran con dos asaltos. No conviertas tus entrañas en coraza inexpugnable que las chicas no se aman en silencio y hombre cobarde no conquista mujer bonita. Aquella que suspira por el ombligo de la luna te beberá los vientos hasta que tu mala sangre y tu puta estirpe le dejen seca la garganta, y aunque su recuerdo te parezca ahora de frente marchita, cinco años no es nada y ojalá volver.

Me gustaría decirle al hombre que ya peina canas que tu padre es un antihéroe con la capa llena de balazos, un coloso de cimientos machacados que erosionado por el tiempo y por el vino suplica por la mano tendida que nunca tendió. Y aunque durante muchos años os creísteis más que el verbo de uno y la palabra del otro, firma la paz y déjale marchar con ella. Honra a tus muertos en vida que los cementerios son tránsito de malas conciencias y las flores, excusas de mal pagador. Te haces viejo y los días son de arena que se escapan y las noches no te cuentan ni los sueños. Si el futuro te pinta con dientes afilados, deshaz el camino andado y borra cada huella que te hace tambalear. Que su melena se mece sobre otras manos, que su cuerpo se retuerce sobre otras piernas, que sus labios susurran otros oídos, que sus ojos verdes ya tienen a quien mirar.

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