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Valencia se apaga

La necesidad de comer caliente tres veces al día debería estar subyugada a la obligatoriedad de vivir con un mínimo de ética y dignidad, pero las conciencias vacías son el alimento de los estómagos agradecidos. Como perro no come carne de perro se hace tarea difícil criticar a los periodistas desde la mesa de una redacción cualquiera. Aunque este oficio rara vez enferma de corporativismo, en época de crisis, una bala en la pierna de un compañero se siente como una herida en carne propia, aunque disparo y herida sean más que merecidos.

Malos tiempos para las televisiones autonómicas, que están padeciendo en sus estructuras y salarios las consecuencias de una desastrosa gestión política, pero también de un silencio cómplice de sus trabajadores.

La primera en caer ha sido la televisión pública valenciana, transformada en un órgano de propaganda goebbeliana del Partido Popular, altavoz de sus dislates de grandilocuencia y sordina de sus escándalos de corrupción .Y como brazo ejecutor los periodistas, que ahora que las lentejas comienzan a escapar del plato lloran como mujeres lo que no supieron defender como hombres, y los sindicatos, que preparan manifestaciones contra el cierre de “un respiradero de la democracia” pero que se mantuvieron en silencio ante el derroche de recursos, porque se comían a dos carrillos una buena parte del pastel.

Mención aparte con membresía en letras de oro para las asociaciones de la prensa. 90.000 periodistas han perdido su puesto de trabajo desde 2008 y la acción de protesta se ha limitado a publicar mensajes de condolencia en las redes sociales por la memoria y la buena voluntad de los compañeros caídos. Son tantos y tan fuertes los hijos de puta que parasitan esta profesión, que en cinco años de sangría laboral no han sido capaces de parar las rotativas con una huelga del sector. Son tantas y tan frescas las zorras que prostituyen esta profesión, que en dos años de gobierno de un presidente parapetado tras un plasma, todo la defensa de la dignidad profesional ha consistido en hacer tendencia en Twitter alguna que otra etiqueta de mercadillo.

Desde que Alberto Fabra anunciara el cierre de RTVV, los profesionales de la casa aprovechan los últimos días de emisión para mostrarse arrepentidos por su participación como correas de transmisión de la mentira y la manipulación. Lástima que las disculpas no hubieran llegado antes. Por ejemplo, en los días, semanas, meses y años posteriores al accidente del metro de Valencia. Por ejemplo, cuando dos compañeras denunciaron los episodios de acoso sexual que habían sufrido por parte de uno de los directivos de la cadena. Por ejemplo, cuando los pocos que se atrevían a denunciar las irregularidades en la gestión eran sancionados con multas y días sin trabajo.

La niña le pidió perdón al abuelo por haber tirado el jarrón y a pesar de que las disculpas eran sinceras, el jarrón siguió hecho añicos.

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Mujer minera

Al caer la noche respiran aliviadas. Los maridos regresan a casa con el rostro ennegrecido y las manos agrietadas, con el agua y el pan que alimentan las mesas. Como sus madres y sus abuelas, y las madres de sus abuelas, como sus hijos y los hijos de sus hijos, en Asturias y León la mina es sustento de mil bocas. Me contó una vieja viuda que besaba las despedidas por si acaso la mina picaba cruz. En la noche de bodas había tejido la mortaja que las mujeres de la mina llevan casadas en el dedo. Y 20 años de mañanas en vilo y las sábanas teñidas de negro y al final llegó el final que la mina le juró con la tierra hincada en las rodillas.

En Mieres, las mujeres se casan dos veces, una con la vida y otra con la muerte. Acostumbradas a deambular por el filo del alambre, la mujer minera, que es más hembra que princesa, se ha labrado la piel con hechuras de primer batallón de guerreras. A las bravas, con las venas corriendo carbón y el luto de sus hombres muertos, plantan cara, espalda, piernas y cintura a todo aquél que pretende hacerles perder el equilibrio.

José Manuel Soria es uno de esos sinvergüenzas que balancea la cuerda floja. Ministro de Industria por la autoridad del voto que rebuznan los ciudadanos, este individuo, que atesora un salario de 40.000 euros, más dietas, más gastos de representación, más sobres y sobresueldos, llamó privilegiados a los pobres diablos que se juegan la vida para arrancarla a la tierra un mendrugo de pan. Quizás sea la cara de vergüenza, que por falta no se cae, el motivo por el que el Ministro no se ha atrevido a visitar Llombera de Gordón, el pueblo leonés donde hace apenas unos días seis mineros perdieron la vida en el desempeño de su trabajo.

Sabían sus ilustres excelencias que allí no encontrarían una procesión de vírgenes dolorosas con música de orfeón y organillo, sabían que no iban a tener un besamanos de silencios enmudecidos con una foto oficial para las portadas de los periódicos, sabían que las viudas de los mineros no lloran delante de los que un día jalaron el gatillo contra las sienes de sus maridos, sabían que las mujeres a las que Fraga mandó rapar el pelo durante la huelga minera de 1962 no mojaron la mejilla, porque los ojos vidriosos y las caras humedecidas son la segunda victoria de los verdugos. Los cobardes no son capaces de enfrentarse a su desastre y el Ministro Soria se dejó los arrestos en su despacho de Madrid.

Que la tierra acoja tranquila a los hombres muertos, que la historia no se encierra en los sepulcros, que las maruxinas son el legado del honor de los valientes que mancharon de rojo las camisas. De carbón son sus entrañas y de acero su dignidad. Seis ramos de flores le llevan a Santa Bárbara.

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La decadencia de la prensa deportiva

poligrado

Sale Piqué a rueda de prensa sabedor de que al otro lado los periodistas le esperan con una bala en la recámara. Al central del Barça le toca sacar la pata del hoyo donde días antes se había calado hasta la cintura, cuando señaló a la banca pública madrileña como artífice y benefactora de los alardes económicos del Real Madrid. Lejos de amilanarse, el jugador culé, que tiene espaldas para cargar con unos cuantos muertos, optó por el balón largo de ataque directo en detrimento del tan manido señorío catalano menottista que tanto disfrutan en aquellos lares. Piqué cogió su fusil y pintó de rosa las entrañas de una prensa deportiva más preocupada por el jugo de los higadillos que por los tacos manchados de verde.

Para los que miramos a la prensa deportiva desde el corporativismo de los colegas que comparten edificio pero no planta, siempre fueron el hermano díscolo al que mirábamos por encima del hombre. Los gaceteros de la crónica política, en el cargo autoimpuesto de defensores de la pulcritud profesional, se niegan a repartirse la mesa con aquellos que han hecho de la ociosidad de mirar un partido de fútbol, carrera profesional.

Lejos quedan ya los referentes en blanco y negro que radiaban los requiebros de Di Stéfano desde un cuartucho oscuro en la última planta del Bernabéu, lejos queda ya la crónica juntaletras de foto fija donde todo lo que iba más allá del campo de juego importaba más bien poco. En los tiempos modernos de forofismo tribunero, la rigurosidad de la prensa deportiva se ha ido diluyendo como un azucarillo sumergido en la mala baba del bufandeo canchero, con los profesionales convertidos en algunos casos en voceros del discurso oficialista de un club, y en otros, en representantes del sectarismo aficionado que vomita el fondo sur, por mucho que quieren taparse la cara con las greñas pijofalutas, y la pluma, con fina prosa mundialista de tirantes.

Y entre los que barren la porquería de puertas para afuera y los que guardan la basura debajo de la cama, emerge poderosa la figura del aficionado cabreado que, hastiado de las doctrinas proselitistas de unos y otros, se tira al monte a librar la batalla por su cuenta con un blog y un micrófono casero. Y mucho ojo con los maquis que deambulan a la sombra de los grandes focos que cada vez son más los resabiados que están dispuestos a prestarles pan y oído.

Saca Piqué la pata del hoyo a costa de meter la cabeza de la prensa dentro del váter amarillista de su propia desvergüenza. Y para que quede certificado, que venga la poligrafista del Sálvame Deluxe.

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Maradonianos

maradona

Me gusta Maradona porque es un antihéroe. Un Superman abstemio de resaca, un Batman con las alas rotas, un Capitán América con el escudo corroído por la metralla. Aquél niño que creció en una villa de Lanús dando patadas a un balón sobre un lodazal de hambre y pobreza, soñando en el desvelo de los días tristes con un amanecer dorado en la Bombonera.

Me gusta Maradona porque es de traspiés fácil y piel rasgada en la carretera. Las rodillas se hacen postillas y las postillas cicatrices que ya no duelen pero recuerdan. Maradona recibe el balón al piso. Y por las Malvinas, y por la primera invasión y también por la segunda, y por José de San Martín y por Santiago de Liniers, los esbirros de una reina borracha caen abatidos ante el trote desbocado de una pelusa que se hace más grande en cada paso. La muchedumbre, rebosante de hedor patriótico, jalea al nuevo virrey de Argentina que ya por entonces nunca quiso llevar corona.

Me gusta Maradona porque rompió la cadera de Matthäus, esquivó las patadas de Hierro y se escabulló de las trampas de Sammer. Y pisó el balón con los tacos húmedos por el roció de la hierba. Y Zoff lo intentó, y también Buyo, Shilton y Galli, pero todos fracasaron. Al frente, Dios vestido de corto y a la espalda su castigo mecido en la red.

Me gusta Maradona porque pudo con los más grandes pero cayó ante lo más pequeños, y esta vez no era un balón si no una raya. Las culpas de los que un día le vistieron con el traje inmaculado de las deidades que nunca se equivocan son ahora reproches de altar quemado. Por la nariz se esnifa el mito con el pelo teñido de rubio.
Cuando muchos redactaban la última frase de su obituario, la vida, que no entiende de clases ni de justicia, le dio una nueva oportunidad. Ahora que no le debe vasallaje a los ladrones de la FIFA, Maradona habla de fútbol con el discurso bilioso y furibundo del barrabraba que nunca dejó de ser.

Me gusta Maradona porque es una contradicción en sí mismo. Un tipo que lleva tatuado a Fidel Castro en el gemelo y que viste la muñeca con un reloj de 10.000 dólares, un tipo de palabra comunista y de obra liberal, un yonki que juega un partido contra las drogas.

Me gusta Maradona y a quienes no, que la chupen, que la sigan chupando.

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José Luis Sampedro, el capitán que nunca quiso serlo

A este martes se la ha puesto mala cara. Apenas asomaban las primeras horas del día cuando ha saltado la información. El economista y escritor José Luis Sampedro fallecía el pasado domingo en la intimidad de sus familiares y amigos que, respetando el carácter discreto del que Sampedro había hecho su forma de vida, mantuvieron en secreto la noticia hasta hoy, día de la incineración de sus restos mortales.

Decía Sampedro que había dos clases de economistas: “Los que trabajan para hacer a los ricos más ricos y los que trabajamos para hacer a los pobres menos pobres”.

Siempre combativo, siempre comprometido hasta su último aliento, el movimiento de los indignados, surgido al calor del 15M, fue su penúltima batalla. Otra nueva lucha en la que sin quererlo fue elegido Capitán General por los miles de ciudadanos, jóvenes y no tanto, que veían en su ejemplo, el ejemplo a seguir.

A sus 96 años se le notaba cansado. Nunca abandonó la palabra en rompan filas, el verbo combativo contra las injusticias sociales, pero el cuerpo marchito por el paso de los años había relegado al soldado a la impotencia de librar las batallas desde la trinchera. Comenta la periodista Rosa María Artal que Sampedro tenía ganas de marcharse: “Esto es la vida. Animaos todos. Porque se puede llegar a los 94 años y más, siendo feliz. Aunque uno se levante y se tenga que poner la boca, los ojos y los oídos. Se puede ser feliz a pesar de los jefes y de que muchas de las cosas que nos rodean nos parezcan impedimentos. Por nosotros mismos. Tenéis una vida. Cada uno la suya. ¡Aprovechadla!”, decía en la celebración de su aniversario.

Si bien son muchos los que ahora velamos su tumba, como el compañero caído que ya es eterno, la muerte nunca podrá enterrar el legado de un pensador que hizo de la tinta que mancha la página su compromiso de vida. Su prolífica obra, de novelas y ensayos, son el tesoro inmortal de su memoria, un manual de compromiso político y social de un hombre que hizo causa personal de cualquier causa justa.

Enemigo de los mercados financieros que coartan la libertad “de quienes no tienen un céntimo”, del capitalismo que ha subyugado a la clase proletaria y que ha convertido al individuo en un valor bursátil a la baja de cuya miseria hacen negocio los que han pervertido la democracia en una tiranía de sufragio universal.

El autor de “La sonrisa etrusca”, Premio Nacional de las Letras en 2011, decía que el deber de vivir la vida es mucho más importante que el derecho. Habiendo cumplido de sobra, que la tierra te acoja tranquila.

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